Vivir del cuento: un puente más entre Cuba y Estados Unidos

El programa Vivir del cuento probablemente pasará a la historia de la televisión cubana como un clásico del humor, al lado de otros ya allí instalados como Detrás de la fachada o San Nicolás del Peladero.

Para algunos, el programa mantiene su éxito porque se ha desarrollado en una época que no puede considerarse como la más brillante de la televisión en Cuba. No hay una competencia voraz, en tanto las producciones carecen, en algunos casos, de un atractivo que empuja a los públicos a perseguir el famoso “Paquete Semanal” repleto de programas extranjeros.

No obstante, este criterio puede ser muy discutible, porque muchos cubanos se hacen amigos de Cubavisión cada noche de lunes, a pesar de que el flujo de propuestas alternativas parece incrementarse cada día más en las redes informales de la industria del entretenimiento.

Hay una verdad detrás de cualquier análisis: Vivir del cuento supone un elenco muy profesional y guiones bien estructurados que se apoyan en una fina crítica, capaz de arrancar carcajadas cómplices hasta en el más escéptico de los televidentes.

Fotos: Jorge Cervantes

Fotos: Jorge Cervantes

De eso trata la buena televisión. O, al menos, la televisión que precisa entretener desde la comedia. Y es precisamente este humor el que gusta al cubano de ahora. Lo mismo al de adentro que al de afuera.

Según Ignacio (Nachy) Hernández, director del programa, Vivir del cuento ha sumado paulatinamente ingredientes de la crítica social en los casi ocho años de creado. El equipo de realización se basa inteligente y respetuosamente en fenómenos de actualidad que reflejan la cotidianidad del cubano común.

Jaime Fort, guionista principal del espacio, resalta que “el programa es Cuba, una versión costumbrista y medio caricaturesca de lo que es nuestro país. Hay que estar al tanto de las noticias y de las cartas que llegan a la redacción para elaborar los libretos. Y abordamos las críticas de mayor envergadura política con mucha responsabilidad, conscientes de hasta dónde se pueden decir las cosas.

“Todos los temas no pueden ser tocados. Las asesoras del programa son las responsables de que el programa tenga un contenido correcto y no sea vulgar. Ese es el primer filtro, independientemente de la responsabilidad del director. Pero ellas forman parte del equipo. No creo que en este caso pueda hablarse de control. Pero sí ha habido un poco de censura y autocensura. Yo he querido hablar de un tema y me han negado esa posibilidad. Y otras veces ha sucedido lo contrario”, destaca.

El escritor advierte que la censura puede venir cuando el programa está listo para salir al aire. En ese momento determinadas personas de la dirección de la Televisión Cubana plantean que no puede proyectarse.

“Pero quiero destacar que eso ha ocurrido poco. Por ejemplo, sucedió con un programa que trataba el paquete de la semana. Eso es algo que está teniendo mucho impacto en la población y Vivir del cuentono podía estar ajeno a esa realidad. El capítulo se censuró y no se emitió; pero aproximadamente un año después se puso en la televisión sin editarse. Por otra parte, hay programas que no salen por la televisión y la gente los ve por el paquete”, subraya Fort.

Fotos: Jorge Cervantes

Fotos: Jorge Cervantes

La producción de Vivir del cuento no encuentra solamente escollos de tipo subjetivo a la hora de realizarse, sino también otros de índole técnico, material. El presupuesto es limitado y deben cuidar la cantidad de artistas invitados.

El equipo de realización coincide en que es necesario mejorar la ambientación y la escenografía para evitar que se vean los empates de las paredes, la pintura húmeda, las chapucerías del estudio.

Aun así, cada actor aporta lo mejor de sí en función del personaje que le corresponde y trata de satisfacer las expectativas del público hasta donde las circunstancias lo permitan.

El equipo de Vivir del Cuento prepara una escena en el estudio. Foto: Jorge Cervantes

El equipo de Vivir del Cuento prepara una escena en el estudio. Foto: Jorge Cervantes

Para Luis Silva, la interpretación de Pánfilo impone una dosis muy alta de desdoblamiento debido a la diferencia generacional entre ambas personas.

“Pánfilo es una persona de la tercera edad. Por tanto, no puedo mostrar demasiado las partes de mi cuerpo porque se verían muy jóvenes. Aquí no tenemos la tecnología necesaria, por ejemplo, para ponerme otros brazos. Hemos querido hacer programas en la playa, con Pánfilo en trusa, pero sabemos que no luciría viejo.

“Además, es difícil también debido a la propia psicología del personaje. Yo no puedo pensar como una persona de esa edad. Pero me ha servido haber convivido con personas mayores, mi abuela, mis bisabuelos.

Para buena parte de los cubanos, Pánfilo es la voz de muchos de los problemas del país y agradecen que esto sea así. No obstante, Silva advierte que nunca se propuso crear un personaje con estas características.

“La vida nos ha llevado a que el público se sienta identificado con ese anciano que ya ha tenido varios infartos, y que sienta que sus problemas pueden ser canalizados a través del programa”, puntualiza.

Fotos: Jorge Cervantes

Foto: Jorge Cervantes

Vivir del cuento ha trascendido fronteras y gusta mucho, incluso, en Estados Unidos. El público cubano de ese país lo sigue cada semana con sumo interés y se siente muy identificado con los personajes.

Según Silva, el programa ha sido acogido como en Cuba. Eso es lo que ha percibido en sus visitas a ese país.

“El espacio sale aquí por televisión y a las dos horas ya está en YouTube. Los cubanos que viven fuera nos han escogido como algo que les recuerda Cuba”, señala.

El actor Mario Sardiñas (Chequera) explica que cuando visitó Estados Unidos en febrero pasado le llamó mucho la atención que una señora lo reconociera muy emocionada en un mercado de Walmart a las dos de la madrugada.

“De esta forma te das cuenta de la añoranza que tienen. Te paran en la calle para conversar contigo.Vivir del cuento no tiene límites y nuestro éxito se basa en lo cotidiano y en la inmediatez”, resalta.

Un suceso trascendental para el espacio y para la propia historia del humor televisivo en Cuba fue precisamente la presencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante su visita a la Mayor de las Antillas en marzo pasado.

No pocos han vacilado en asegurar que de alguna manera Vivir del cuento se convirtió en un puente más entre los pueblos de ambas orillas, y marcó un hito simbólico dentro del proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Según Silva, fue enigmática aquella llamada de la Embajada de Estados Unidos a su casa días antes de la llegada del mandatario norteamericano.

“Ellos me telefonearon para verme, de ser posible, ese mismo día. Fui con muchas interrogantes y me explicaron que la Casa Blanca tenía un interés de que hubiera un encuentro entre Pánfilo y Obama. Y es que el presidente acostumbra a hacer humor en shows de televisión como parte de su estrategia política.

“Nosotros asumimos el reto porque somos humoristas y nos hemos ganado el programa. Si nos escogieron es porque saben que tenemos el programa más popular de Cuba. Elaboré los guiones de la llamada telefónica y del encuentro en La Habana con el juego de dominó. Ellos me habían pedido que no fueran tan comprometedores desde el punto de vista político.

“Las imágenes de la Casa Blanca se grabaron allá y nosotros hicimos nuestra parte en La Habana. El encuentro en la casa de Pánfilo lo hicimos aquí después del encuentro de Obama con los empresarios. El presidente ensayó el guión mientras venía en el avión. Me siento muy satisfecho por ese trabajo y debo confesar que me sentí muy nervioso. Pero todo salió bien. Lo hicimos en una sola toma”, destaca Silva.

Para el director de Vivir del cuento, la intención era que Obama diera, a través de Pánfilo, una imagen amistosa al pueblo cubano.

“Lo hicimos desde la comedia porque no podíamos traicionar al personaje ni convertir aquello en una plataforma política. Fue una meta cumplida y un gran reto profesional. No estamos acostumbrados a este marketing político, pero es una estrategia inteligente y efectiva para humanizar a los políticos.

“Es bueno que el público no vea a los medios solamente como un entretenimiento banal o que conciban a Vivir del cuento como un programa hecho solamente para reír. Es bueno servir como vehículos que aporten algo más importante.

“Logramos transmitir un mensaje para que las relaciones entre ambos países continúen su curso y se nos respete como nación y se valore nuestra historia. Tenemos un poco de mérito al haber ayudado a poner un trozo de ese puente que está uniendo a Cuba y Estados Unidos”, concluye el director.

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